Aventuras en Irlanda

miércoles, 05 de octubre de 2005

$>Una Irlanda en la mochila. Por Alberto Labordeta. Capítulo 1: Sábado 1 de Octubre. Salimos de Dublín

Qué tal amigos? Yo bien, no me puedo quejar. No sale el sol, pero llueve menos de lo que me imaginaba, de momento puedo con el clima irlandés.
Este finde tenia libre y me junté con Juanlu (otro currante del Carroll's) y un amigo suyo para hacer un viajecito. Destino Galway, en la costa oeste del pais, que está a poco más de doscientos kilómetros de Dublín y que se hace en unas tres horas y media aproximadamente gracias a las singulares carreteras de este pais.
Llegamos al aeropuerto el sábado pasadas las 8 de la mañana, con lo que tocó madrugar (la primera vez desde que estoy aquí), alquilamos un Corsa por 170 euros todo el finde, incluido el seguro a todo riesgo que nos pareció imprescindible. El coche venia con su radio cd, cosa que se agradeció, dado nuestra variada colección de cd's: bueno, estaba tan bien equipado que traia aire acondicionado (!), cosa que en Irlanda es como vender radiadores en Sevilla en pleno mes de Julio. El Corsa aguantó el trato turístico que le dimos, incluido algún bordillazo que explicaremos más adelante en el capítulo: "Conducir al revés"
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Después de pasar poblaciones como Kinnegad, Mullingar, Athlone, Ballinasloe, Loughrea,... empezamos la ruta turística entrando en el condado de Clare, que está justo debajo de Galway, recorriendo "the burren", una zona pedregosa y milenaria donde apenas habia árboles, visitando iglesias en construcción como ésta, que tenia el cementerio en el mismo recinto, con tumbas que iban desde finales del siglo XIX hasta nuestros dias. El cementerio era pequeño, porque el pueblo también era pequeño. La zona no daba para grandes poblaciones, todas eran así, el más grande que pudimos ver no pasaría de 800 habitantes, algunos no se les podría ni llamar pueblos. Después decidimos coger una carretera que se alejaba de la costa muy turística, donde nos negamos a pagar 10 euros por ver una cueva, llamada Ailwee Cave, donde hubo osos. Ese era su atractivo. Continuamos por una carretera donde el límite de velocidad eran 80 km/h, pero pasar de 60 se convertía en un cara o cruz, dadas sus sinuosas carreteras, donde entraban dos coches con calzador y curvas ciegas, Luis Moya estaría en su salsa con sus:" derecha, ojo, buena, raaaas, sasar!!!". Pero es que esto es Irlanda.
Nuestro paisaje no cambiaba, pero seguiamos mirando por las ventanillas, unas veces para deleitarnos con el paisaje y otras al arcén para decirle al "driver" que lo que iba sonando era la gravilla de la cuneta. Con todo esto llegamos a un Dolmen de más de 4000 años, conocido como Poulnabrone dolmen. Según el que hizo nuestra guía: "se sabe de turistas que lo han confundido al verlo en los folletos con una marquesina de autobús de aire irlandés popular", no es para tanto, canta que es obra de Benito y compañía.
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Después de las fotos de rigor, seguimos disfrutando del paisaje y los "cottage", casas de campo que tienen la peculiaridad de que su tejado está cubierto por paja seca, que se mantienen inalterables a pesar de los adelantos tecnológicos como la teja. Con todo esto llegamos a la ciudadela reconstruida como sería en su tiempo, recinto amurallado circularmente de piedra de unos dos metros de altura que protegia la casa, establo, animales,... después de esto, nos quedó la sensación de que Irlanda es el pais del merchandising y que de cualquier cosa hacen un suvenir.
Nuestra siguiente parada iba a ser un castillo pero que pasó desapercibido al estar en ruinas y creer que después de la importancia que le daban sería otro. Nos dimos cuenta tarde para volver.
La tarde avanzaba y nosotros hacia nuestro destino marcado como estrellan en el mapa. Los "Cliff of Moher", los acantilados de Moher. A todos los que digas que vas a Galway, siempre te recuerdan que te pases por los Cliff. Lógico, son impresionantes. Llegamos por una carretera serpenteante salpicada de cottage, casas de campo, por un lado y por el otro la costa con sus veleros, puertos,...(en fin, de postal), a una oficina de información en medio de la nada, pero con su parking, cafetería, tienda de suvenirs (obviamente), donde dejamos nuestro medio de locomoción para ir a pata hasta el borde del acantilado y esto es lo que vimos...
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Desde una altura de 203 metros se levantan estos cortados que viendolos en foto pierden mucho. La vertical de esta maravilla hace que el que tenga vértigo a las alturas se vuelva para casa. Si bien no llovió, tampoco salió mucho el sol (y no salieron muy bien las fotos) y hacía bastante viento, suficiente para echar un paso atrás buscando estabilidad de vez en cuando, el mar enfurecido chocaba contra los cortados con violencia provocando unos sonidos indescriptibles. Quedamos paralizados ante tal maravilla, no nos moviamos, solo mirabamos, observabamos, dejabamos que nos diera el viento en la cara empujando el salitre de 200 metros más abajo. Aprovechamos para hacernos infinidad de fotos y grabar algún video. La postal invitaba a ello.
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Por tal motivo se construyó esta torre, la O'brien"s Tower como mirador en el siglo XIX. La vuelta al coche fué diferente, la imagen seguía ahí. En fin, son IMPRESIONANTES, dignos de visitar.
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Satisfechos de la visita, pusimos rumbo a Galway, pero el paisaje nos hizo parar en varias ocasiones...
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Llegando a la costa otra vez los "burren" nos invitaba a hacernos la fotito clásica
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La mar nos regaló alguna instantánea que nos recuerda a las rias baixas.
Atardecía y el dia fué muy agradecido porque no llovió en ningún momento y...
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Llegamos a Galway ya pasadas las 9, momento que nos fuimos derechos a buscar un hostal, nos encontramos que el asunto estaba feo, sólo había una plaza para chica en el hostal, pero una llamada de teléfono de la señora y nos salvó el culo, encontramos un Bed & Breakfast (cama y desayuno) por 25 euros cada uno. La casa estaba bien, céntrica, tipica de dos plantas, limpia, cuidada, y la habitación era de cuatro, con cuatro cajones grandes para dejar las mochilas, algo pequeña, pero solo la necesitabamos para dormir y a fé que se durmió bien. La señora cercana a las cuarenta primaveras era bastante simpática, había encontrado a tres incautos que no reservaron nada antes de venir y se llevó 75 euros con los que no contaba.
Dejamos todo y nos metimos en la zona antigua de la ciudad, donde estaba todo el bullicio. Hicimos una pasada de reconocimiento por la zona peatonal, donde se nos iban los ojos. Después de echar un vistazo, decidimos cenar en el McDonal's, los demás restaurantes habian cerrado. Esto pasa cuando se quiere mantener los horarios de la tierra patria. Pasamos después de una generosa ración de menú Mc colesterol a rebajarlo con unas "cervecitas" en el pub Bazar.
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Bueno, esto era todo fachada, realmente estabamos reventados, y cuando se cortó la música a las 2, empezaron las piernas a caminar solitas hasta el Bed & Breakfast, sin querer pararse en otro garito. Una lástima, era para haber tenido más dias, porque habia un gran ambiente, pero la cama fué la decisión más acertada.
Así acabó el dia. Pero todavía queda el domingo...

Un abrazazo. Alberto González de la Iglesia.

Publicado por albertokodro @ 12:20 | 1 Comentarios | Enviar

Comentarios

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  • Autor: Invitado
  • Fecha: sábado, 08 de octubre de 2005
  • Hora: 22:53
Miguel:

Juuuurlll, cojonudo el artículo. Madre mía qué acantilados Muchas risas

Tío, ánimo que te están quedando unos artículos chulos chulos. Son muy muy divertidos de leer Sonrisa

Gracias por darnos estos momentos de compañía contigo, aunque estés muy lejos, pero con ellos se te siente como en casa Sonrisa

Abrazotes