domingo, 15 de enero de 2006
Después de más de cinco meses por estas tierras, me llegan las merecidas vacaciones
. Hacia años que no tenía más de una semana, con lo que prometia aprovecharlas al máximo.
Para el dia 23 de Diciembre se esperaban unas 75.000 personas en el aeropuerto de Dublín, acostumbrados a los millones que pasan por Madrid, esto parecia una broma, pero como es un aeropuerto pequeño, podria ser un dia muy "busy". Así que fuí con tiempo suficiente para no pillarme los dedos. El bus que me llevó no daba esa sensación. Algún que otro como yo, pero me esperaba más viajeros.

Ya en el aeropuerto, sobre las 12:30, que se supone que tiene que ser una hora punta, habia este panorama.

No hay que perderse al elemento del polo verde de manga corta, con el frio que hacía!!! y asi vino de la calle el fenomeno.
Para pasar por el control, nos hacian quitarnos hasta los zapatos, yo pensé que estabamos en el aeropuerto de Nueva York más que en el de Dublín. El arco de seguridad estaba tan finamente calibrado que tuve que pasar más de cinco veces, al final, era la cartera la que pitó, pero no me salvé de que me pasaran el sensor de mano. No pasó a mayores. Me eché una cervecita para empezar a disfrutar las vacaciones y me fuí a mi puerta de embarque. Ya olia a España, prácticamente todos eramos españoles.
Ahí estaba esperando mi Aer Lingus. Más o menos ibamos con el tiempo previsto, aunque con el repostaje, que no tiene nada que ver con los de Ferrari, y el tráfico, al final salimos con retraso.

Antes de echar una cabezadita
vimos el sol, que aqui como esta siempre nublado, sale una vez o ninguna.
Se llegó a Madrid y hasta que salieron las maletas aumentamos el retraso. Pero allí estaban esperando Oscar y Natalia... y muchísima gente, parecia el recibimiento al Madrid tras ganar una Champions.
Salimos de alli y nos volvimos a Torrejón, a la tierra patria y donde no me acostumbraba a oir a todo el mundo en castellano, fumando en los bares y hablando alto.
Pero ya estaba en casa y dimos una sorpresilla a la familia que me esperaban el dia siguiente.
Alberto González de la Iglesia.